20 kilómetros de valla separan las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla del resto del continente africano, 20 kilómetros de cruel frontera física que sirven para impedir que la opulencia de Europa se intoxique de miserias humanas, de vidas rotas por la guerra y los conflictos, de pobreza extrema, de depresión, de dolor, de llanto, de sufrimiento sin tregua, de inmundicia. Sin duda la más cruel de las vallas que el ser humano nunca construyó, la máxima expresión de egoísmo de los hombres, la que divide a vencedores y vencidos, la que separa los elegidos de los condenados, la que nos hace ser mejores a costa de la ignominia.
A un lado el primer mundo, ahogándonos en nuestros problemas singulares, infelices de tanta felicidad, empachados de consumo, preocupados del planeta que heredarán nuestros hijos, insomnes por los movimientos bursátiles y por los tipos de interés e inquietos por los pequeños pecados que podamos cometer. Nos pasamos la vida purificando nuestras almas y expiando las culpas en nuestros centros de culto. Comprometidos, exhibimos heroicos actos de generosidad en campañas para los más pobres y nos esforzamos en ser buenas y mejores personas. Felices por definición, aislados en nuestra burbuja, en nuestra urna de cristal, sin acceso al dolor ajeno, desorientados en la abundancia, pero con las conciencias bien tranquilas. No existe más allá, hacemos lo correcto, ayudamos a nuestra vecina y damos limosna al pobre, cuidamos de nuestros hijos y pagamos religiosamente nuestra hipoteca, los impuestos y la comunidad de vecinos. Somos impolutos espiritualmente. No hay razón para ir al infierno.
Al otro lado la falta de recursos, de humanidad, de derechos individuales y colectivos, de dignidad, de esperanza, de ilusión, de horizonte, de explicaciones. Seres humanos ahogándose en la miseria, explotados, vendidos, reventados, desahuciados, prostituidos, violados. La crueldad de sus dirigentes se ceba sin límites, las enfermedades devoran la población infantil, los conflictos arrebatan infancias, familias destruidas, condenadas al infierno en vida. Nunca hicieron nada por nadie, ni siquiera tuvieron la oportunidad de ser buenas personas. Cometieron el pecado imperdonable de nacer en un lugar equivocado. Lo perdieron todo al nacer.
Puta valla, puta vergüenza!!
El blog de Salva
viernes, 24 de julio de 2015
martes, 8 de julio de 2014
Gracias por todo
A veces
uno se ve superado por los acontecimientos. La naturaleza golpea y fuerte, sin
compasión, con crueldad desmedida, de forma soez, ajena a las razones humanas,
ajena a los sentimientos.
Recientemente
he perdido un familiar cercano, muy querido, una sinrazón más del destino y de los
designios arbitrarios y caprichosos de la santa madre Natura. Una consecuencia
incomprensible a los ojos de todo ser humano. Su único error, haber estado
en el lugar y el momento equivocados. Error del que por cierto, ninguno estamos
exentos de poder cometer.
Sin
embargo, a mi modo de ver, todavía existen motivos para la esperanza. El ser
humano, pese a su fragilidad, tiene una cualidad que lo hace único y distinguible
de entre todas las criaturas de la naturaleza, su carácter trascendente. Su
contribución, sus vivencias, su enseñanza, su expresión, su vida, su legado …
todo está ahí, presente en todos los que la conocimos y nos enriquecimos de su
existencia y su obra. Ella está en nosotros.
Nos
hacemos eco de su enorme generosidad, de su infinita gratitud, de su abnegada
dedicación a los demás. Dispuso lo mejor de sí misma al servicio de los otros. Su
calidez humana y su talla personal me conmueven. Te lo dije en vida y te lo
vuelvo a repetir, pedazo de madre, pedazo de esposa, pedazo de mujer y pedazo
de cuñada.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Bendito error
Dicen los científicos que el ser humano es técnicamente un error. Un error en ciencia no es algo necesariamente malo. Por error entendemos algo que difícilmente puede ocurrir en términos de probabilidad pero que de hecho sucede. Dicho de otro modo, un error puede considerarse como un suceso extraordinario, y sumamente extraordinaria es la existencia de los seres humanos.
Pero si extraordinaria es la presencia del ser humano, aún lo es más la cadena de acontecimientos que nos han llevado hasta aquí. La naturaleza, con un modus operandi basado en la sucesión de mutaciones genéticas completamente accidentales, algunas de las cuales supusieron aumentar considerablemente las probabilidades de supervivencia de la especie, fue moldeando una criatura cuyas capacidades actuales en términos de adaptabilidad al medio nos convierte en la especie dominante y por tanto nos sitúa en el estrato más alto de la cadena biológica. Somos seres absolutamente privilegiados en un mundo hecho a nuestra medida, ni demasiado frío ni demasiado caliente, ni demasiado hostil ni demasiado cómodo, ni demasiado complejo ni demasiado sencillo. Entre lo muy grande y lo muy pequeño el ser humano se encuentra estratégicamente situado frente al mundo que nos rodea. La suma de las capacidades humanas y de las circunstancias que le rodean nos provoca la sensación de que el ser humano es la herramienta perfecta para que el universo pueda comprenderse a sí mismo.
Tan excepcionales somos que el ser humano es la única especie conocida capaz de decidir el futuro de su propia civilización. El futuro de la especie está en nuestra manos. Tenemos la capacidad de ahogarnos en nuestras miserias e incluso de poner fin a nuestra existencia como civilización, pero también podemos elegir el camino de la autosuperación. Resulta sorprendente que la naturaleza que ha hecho tanto esfuerzo para llevarnos hasta aquí a través de millones de años de evolución, ahora decida dar un paso atrás, nos quite el yugo de esclavitud y nos deje solos encargándonos el reto de decidir sobre nosotros mismos. ¿Somos conscientes de cuán grande es nuestra responsabilidad?
Mi punto de vista es que debemos ser agradecidos. Somos demasiado casuales para tirar ahora todo por la borda. Millones de años de evolución podrían no haber servido para nada. O quizás sí, todo depende de nosotros. Creo que vale la pena seguir apostando por la vida humana. Soy un humanista convencido y creo en el ser humano y en la capacidad de éste para resolver sus propios problemas. A lo largo de la historia de la humanidad no hemos dado sino fé de ello, de modo que tengo razones para pensar que podemos seguir construyendo un futuro mejor para las generaciones venideras. Así ha sido siempre y así quiero pensar que será. La herencia que reciban nuestros hijos dependerá del grado de conciencia que tengamos como especie y no como individuos. Podemos condenarles o por el contrario podemos dar sentido a nuestra existencia. Todos tenemos una responsabilidad para con nuestra especie. Sólo en nuestras manos está la salvación.
S. Parra
miércoles, 20 de febrero de 2013
En ocasiones veo expertos
Nadie los ve pero se notan. Están por todas partes, nos informan, nos aconsejan, nos alertan y protegen nuestras vidas: son los expertos.
Son primos hermanos de los analistas, los mercados y otros colectivos anónimos de sabios. Saben cuantos desplazamientos hacemos en Semana Santa, a saber entre 14 y 18 millones, según les dé (se ve que alguien los cuenta), conocen la ocupación hotelera antes de que se produzca (que siempre es entre el 85 y el 90%) y saben la audiencia que tuvo un programa (dice la leyenda que hay unos aparatitos que la gente tiene instalados en sus televisores para conocer ese dato, pero lo cierto es que no conozco a nadie que conozca a nadie que lo tenga). Nos recomiendan que en verano nos pongamos a la sombra, bebamos mucho, tomemos fruta y frecuentemos sitios con aire acondicionado (menos mal, que si no ...) Anuncian enfermedades sociales de extrema gravedad como el síndrome post-vacacional infantil tras la Navidad, recomendando un período de adaptación para evitar grandes traumas en los niños ... Los expertos dicen, los expertos hacen, los expertos recomiendan, los expertos aseguran ...
Pero, y quién cojones son esos expertos? Basta ya de monsergas!! Los expertos, los analistas, los mercados, ¿por qué no tienen nombres y apellidos? ¿Por qué apelamos (sobre todo los medios de comunicación) tanto a ellos si son anónimos, no sabemos para quién trabajan ni cuánto ganan? Basta ya de tomarnos por tontos, a cagar a otra parte, que no somos el pueblo de Roma.
viernes, 27 de enero de 2012
Generación X
Hoy quiero lanzar un grito por mi generación, la generación de los nacidos en torno al 70, muchas veces también llamada generación X, generación de la apatía o generación perdida, o simplemente, hijos del Baby Boom. Generación que por cierto ha tenido en sus hogares desde la teles en blanco y negro hasta las de led, que conocieron los dibujos japoneses con Heidi o Koji Kabuto (Mazinger Z) y que ahora tienen a sus hijos viendo el código Lyoko.
Fue la primera generación mejor preparada de la historia (a partir de ese momento ya todas lo fueron). Aquellos que hicimos reventar las universidades porque nuestros padres se empeñaron. Poco después el país estallaba de titulados y se produjo la primera gran crisis de parados. Engañados en nuestra educación por valores como la responsabilidad, lo cuál sirvió después para que montones de jefes despiadados y con mucha menos preparación nos explotaran miserablemente.
El SIDA y el hiperconsumismo golpean nuetra juventud en los años 90. Sin trabajo, sin expectativas, sin líderes, sin dioses, sin nada contra lo que luchar, vivimos en una constante apatía ante un futuro nada prometedor. Formamos parte de una mediocridad histórica y social. Aun así se surge una forma de rebelión contra lo establecido y en ocasiones se antepone la amistad a la familia.
A primeros de los 90 surge el fenómeno Kurt Kobain, fenómeno musical que rompe con las reglas establecidas, surge el rock alternativo (¿alternativo a qué?), música anti-sistema pero también llena de sentimentalismo. Son signos de esa juventud perdida, esa juventud de la que tanta nostalgia siento en ocasiones, que me hizo ser lo que soy. La mediocridad nos hizo auténticos!!
Fue la primera generación mejor preparada de la historia (a partir de ese momento ya todas lo fueron). Aquellos que hicimos reventar las universidades porque nuestros padres se empeñaron. Poco después el país estallaba de titulados y se produjo la primera gran crisis de parados. Engañados en nuestra educación por valores como la responsabilidad, lo cuál sirvió después para que montones de jefes despiadados y con mucha menos preparación nos explotaran miserablemente.
El SIDA y el hiperconsumismo golpean nuetra juventud en los años 90. Sin trabajo, sin expectativas, sin líderes, sin dioses, sin nada contra lo que luchar, vivimos en una constante apatía ante un futuro nada prometedor. Formamos parte de una mediocridad histórica y social. Aun así se surge una forma de rebelión contra lo establecido y en ocasiones se antepone la amistad a la familia.
A primeros de los 90 surge el fenómeno Kurt Kobain, fenómeno musical que rompe con las reglas establecidas, surge el rock alternativo (¿alternativo a qué?), música anti-sistema pero también llena de sentimentalismo. Son signos de esa juventud perdida, esa juventud de la que tanta nostalgia siento en ocasiones, que me hizo ser lo que soy. La mediocridad nos hizo auténticos!!
jueves, 10 de noviembre de 2011
No puedo con ellas
La columna de hoy va dirigida a un colectivo de mujeres muy concreto. Eso significa que la crítica que voy a verter puede parecer asquerosamente machista. Si alguien lo interpreta así, mi más sinceras disculpas, pero nada más lejos de mi intención. En mi defensa diré que otro día estuve hablando de los 'pijos', colectivo que llamó especialmente mi atención y al que dediqué algunas palabras en un tono tan distentido como crítico. Luego de escribir aquel "artículo" caí en la cuenta de que me estaba refiriendo a "ellos", que no a "ellas". No sé si esto servirá para aplacar las sospechas que pudieran existir sobre mi supuesto machismo. Si no es así, al menos lo he intentado.
Tienen buen gusto para vestir, se emperifollan para llevar a sus hijos al colegio, huelen a perfume aparentemente caro, son muy expresivas hablando, reclaman cierto protagonismo al hacerlo, y además hablan con autoridad, con carácter, con determinación ... con muchos huevos! Son ellas, las chonis, mujeres de nuestro tiempo venidas a más, modernas, liberales, a menudo tatuadas, otras veces con piercings ... pero que cuando abren la boca, sube el pan!
Debajo de su coraza se esconden chicas que muchas de ellas no acabaron el graduado escolar, con infancias duras en barrios humildes, se emparejaron con los kinkis del barrio, encontraron su oportunidad a pesar de su poca formación y se subieron a la noria del consumo, la hipoteca, el matrinomio y los hijos como todo el mundo. Su vida no ha sido precisamente un camino de rosas para conseguir subirse al carro. Han atravesado hostilidades desde su infancia, no tuvieron todas las mismas oportunidades y se han ganado a pulso su posición socio-económica. Desde aquí mi más sincero reconocimiento a todas ellas, vaya por delante.
Sin embargo, miro el resultado y sin entrar en el por qué, la cuestión es que no las soporto (y perdonen mis prejuicios). Son maleducadas y su lenguaje es completamente soez, supongo que para aparentar una mayor personalidad y un mayor aplomo y de esa forma ocultar su frágil pasado. Si alguien critica a sus niños o insinúa que están mal educados, hay que pasar por encima de su cadáver. Esto incluye por supuesto a los profesores de sus hijos. Otra característica que tienen es el exceso de protagonismo al hablar. Mueven las manos exageradamente y se dirigen a todo el mundo que parece que hablasen de temas absolutamente trascendentales. Son capaces de hablar veinte minutos seguidos de la merienda de su hijo y por si fuera poco lo hacen hablando todas a la vez. De hecho no tienen conversaciones, son monólogos que se entrecruzan. Las madres jóvenes centran sus conversaciones en si mi hijo me come o no me come, o si duerme o no duerme, pero evidentemente, a ninguna le interesa lo que dice la otra. Y es que ... de verdad que no puedo con ellas!
Como suele pasar, son más papistas que el Papa, porque todas ellas han superado con creces a la auténtica fundadora, "La Choni", ese personaje mítico de la serie "Los Serrano" que fundó una escuela y este concepto de mujer moderna.
No hace mucho la profesora de mi hijo de 9 años de edad convocó a los padres para una reunión conjunta. No he pasado más vergüenza ajena en toda mi vida. Si no sonaron 10 teléfonos móviles en los 40 minutos que duró la charla no sonó ninguno. Ninguna rechazó la llamada, sus razones tendrían. Las más refinadas se salían fuera para atender la llamada, con las correspondientes interrupciones cada vez que entraban o salían. Pero lo que ya me sacó de quicio son las que atendían la llamada allí mismo, delante de todo el mundo .... me enervo!! Por si fuera poco, una madre lanzó una pregunta porque no tenía claro cuántos libros de inglés debía de tener su hijo. Eso suscitó un debate tan trascendental que ya no hubo tiempo de seguir con otros temas. Aguanté el chaparrón ... como no podía ser de otra manera.
Pocos días después coincidí con las mismas madres (qué alegría) en la reunión de catequesis mensual para padres. 10 minutos fueron necesarios para que el gallinero de madres se moderara. Una verdulería sería un templo comparado con eso.
Lo siento chicas, pero no puedo con vosotras!!
Tienen buen gusto para vestir, se emperifollan para llevar a sus hijos al colegio, huelen a perfume aparentemente caro, son muy expresivas hablando, reclaman cierto protagonismo al hacerlo, y además hablan con autoridad, con carácter, con determinación ... con muchos huevos! Son ellas, las chonis, mujeres de nuestro tiempo venidas a más, modernas, liberales, a menudo tatuadas, otras veces con piercings ... pero que cuando abren la boca, sube el pan!
Debajo de su coraza se esconden chicas que muchas de ellas no acabaron el graduado escolar, con infancias duras en barrios humildes, se emparejaron con los kinkis del barrio, encontraron su oportunidad a pesar de su poca formación y se subieron a la noria del consumo, la hipoteca, el matrinomio y los hijos como todo el mundo. Su vida no ha sido precisamente un camino de rosas para conseguir subirse al carro. Han atravesado hostilidades desde su infancia, no tuvieron todas las mismas oportunidades y se han ganado a pulso su posición socio-económica. Desde aquí mi más sincero reconocimiento a todas ellas, vaya por delante.
Sin embargo, miro el resultado y sin entrar en el por qué, la cuestión es que no las soporto (y perdonen mis prejuicios). Son maleducadas y su lenguaje es completamente soez, supongo que para aparentar una mayor personalidad y un mayor aplomo y de esa forma ocultar su frágil pasado. Si alguien critica a sus niños o insinúa que están mal educados, hay que pasar por encima de su cadáver. Esto incluye por supuesto a los profesores de sus hijos. Otra característica que tienen es el exceso de protagonismo al hablar. Mueven las manos exageradamente y se dirigen a todo el mundo que parece que hablasen de temas absolutamente trascendentales. Son capaces de hablar veinte minutos seguidos de la merienda de su hijo y por si fuera poco lo hacen hablando todas a la vez. De hecho no tienen conversaciones, son monólogos que se entrecruzan. Las madres jóvenes centran sus conversaciones en si mi hijo me come o no me come, o si duerme o no duerme, pero evidentemente, a ninguna le interesa lo que dice la otra. Y es que ... de verdad que no puedo con ellas!
Como suele pasar, son más papistas que el Papa, porque todas ellas han superado con creces a la auténtica fundadora, "La Choni", ese personaje mítico de la serie "Los Serrano" que fundó una escuela y este concepto de mujer moderna.
No hace mucho la profesora de mi hijo de 9 años de edad convocó a los padres para una reunión conjunta. No he pasado más vergüenza ajena en toda mi vida. Si no sonaron 10 teléfonos móviles en los 40 minutos que duró la charla no sonó ninguno. Ninguna rechazó la llamada, sus razones tendrían. Las más refinadas se salían fuera para atender la llamada, con las correspondientes interrupciones cada vez que entraban o salían. Pero lo que ya me sacó de quicio son las que atendían la llamada allí mismo, delante de todo el mundo .... me enervo!! Por si fuera poco, una madre lanzó una pregunta porque no tenía claro cuántos libros de inglés debía de tener su hijo. Eso suscitó un debate tan trascendental que ya no hubo tiempo de seguir con otros temas. Aguanté el chaparrón ... como no podía ser de otra manera.
Pocos días después coincidí con las mismas madres (qué alegría) en la reunión de catequesis mensual para padres. 10 minutos fueron necesarios para que el gallinero de madres se moderara. Una verdulería sería un templo comparado con eso.
Lo siento chicas, pero no puedo con vosotras!!
sábado, 24 de septiembre de 2011
No en mi nombre
Ese es el lema que portaba un numeroso grupo de ciudadanos americanos hace tan sólo unos días, horas antes de que una inyección letal pusiera fin a la vida de un reo americano de color (como suele pasar en el 99% de los casos) que llevaba 22 años en el corredor de la muerte, que se dice pronto.
La pena capital fue aplicada aun existiendo serias dudas sobre la culpabilidad del acusado. Tan grande es la democracia del país de la libertad por excelencia, que en ocasiones puede llegar a condenar a muerte a alguien y a hacer efectiva la sentencia aun no habiendo probado su culpabilidad.
Pero no quiero centrar en esto el debate, yo quiero ir todavía un poco más allá. Quiero ponerme en el caso de que efectivamente sí que fuera culpable. ¿Legitimaría eso la aplicación de la pena de muerte? Yo creo que no.
La pena de muerte es un reducto de las democracias más antiguas, como lo fueron otras ignominias de las historia reciente de la humanidad (véase Guantánamo, el llamado muro de la vergüenza, etc, etc). Un estado que mata no es un estado democrático que respeta los derechos humanos, porque de hecho viola el derecho más básico de todos, el derecho a vivir. Un estado que mata es un estado pendenciero, justiciero (que no justo) y vengador, que se pone al servicio de los sentimientos de odio, ira y venganza de las víctimas y que busca el alivio de las mismas a través del asesinato. Un estado que asesina asesinos es un estado miserable y no mejor que los criminales a quienes procesa. La única lección que enseña un estado que aplica la pena de muerte a sus ciudadanos es el ojo por ojo y diente por diente, eximiendo la posibilidad del perdón e inculcando el odio, la violencia y la muerte como formas de hacer justicia. Si creemos en el estado de derecho, hemos de creer que todo el mundo tiene derecho a vivir, que podemos juzgar y castigar los actos de las personas que cometieron errores, pero nunca podemos disponer de su propia vida como moneda para hacer justicia.
Resulta paradójico ver como en Estados Unidos determinados círculos ultraconservadores y de corte fundamentalista cristiana están completamente a favor de la pena capital, del ojo por ojo y diente por diente y donde la palabra perdón no existe en sus vidas. Yo sin embargo creo en el perdón y en las segundas oportunidades, como creo en la posibilidad de reinserción en la sociedad de aquellas personas que en un momento desgraciado de sus vidas cometieron un grave error. Y es que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. De hecho, creo que el perdón es la máxima expresión del amor y que el tamaño de corazón de las personas se mide precisamente por su capacidad de perdonar.
Estoy seguro que alguien estará pensando "si mataran a uno de tus hijos ya veríamos si podrías hablar así". Yo no soy mejor que nadie, y con toda probabilidad si ocurriera algo así (Dios no lo quiera) mi alma estaría inundada de sentimientos de odio, ira y venganza, como la de cualquier otro padre. Todos somos humanos. Pero precisamente por eso, para eso están los estados, para impartir la justicia de forma aséptica a los sentimientos de las personas. Créanme amigos, la ley del talión no nos hará ser mejores, más bien todo lo contrario.
Matar es un error, lo hagan las personas o lo hagan los estados. Es inmoral, cruel, repugnante, miserable e inhumano. Para los creyentes es muy evidente, Dios da la vida y Dios la quita, no está en nuestras manos disponer de la vida de nadie. Pero es que incluso para los no creyentes la conclusión es casi la misma. Matar perjudica la convivencia, atenta contra un derecho universal e inalienable y sencillamente va contra el sentido común. A día de hoy no encuentro ninguna razón que se vea favorecida por la aplicación de la pena de muerte.
Por tanto, no a la pena de muerte, no así, y aunque yo no pague impuestos en Estados Unidos, no en mi nombre!
Un abrazo
La pena capital fue aplicada aun existiendo serias dudas sobre la culpabilidad del acusado. Tan grande es la democracia del país de la libertad por excelencia, que en ocasiones puede llegar a condenar a muerte a alguien y a hacer efectiva la sentencia aun no habiendo probado su culpabilidad.
Pero no quiero centrar en esto el debate, yo quiero ir todavía un poco más allá. Quiero ponerme en el caso de que efectivamente sí que fuera culpable. ¿Legitimaría eso la aplicación de la pena de muerte? Yo creo que no.
La pena de muerte es un reducto de las democracias más antiguas, como lo fueron otras ignominias de las historia reciente de la humanidad (véase Guantánamo, el llamado muro de la vergüenza, etc, etc). Un estado que mata no es un estado democrático que respeta los derechos humanos, porque de hecho viola el derecho más básico de todos, el derecho a vivir. Un estado que mata es un estado pendenciero, justiciero (que no justo) y vengador, que se pone al servicio de los sentimientos de odio, ira y venganza de las víctimas y que busca el alivio de las mismas a través del asesinato. Un estado que asesina asesinos es un estado miserable y no mejor que los criminales a quienes procesa. La única lección que enseña un estado que aplica la pena de muerte a sus ciudadanos es el ojo por ojo y diente por diente, eximiendo la posibilidad del perdón e inculcando el odio, la violencia y la muerte como formas de hacer justicia. Si creemos en el estado de derecho, hemos de creer que todo el mundo tiene derecho a vivir, que podemos juzgar y castigar los actos de las personas que cometieron errores, pero nunca podemos disponer de su propia vida como moneda para hacer justicia.
Resulta paradójico ver como en Estados Unidos determinados círculos ultraconservadores y de corte fundamentalista cristiana están completamente a favor de la pena capital, del ojo por ojo y diente por diente y donde la palabra perdón no existe en sus vidas. Yo sin embargo creo en el perdón y en las segundas oportunidades, como creo en la posibilidad de reinserción en la sociedad de aquellas personas que en un momento desgraciado de sus vidas cometieron un grave error. Y es que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. De hecho, creo que el perdón es la máxima expresión del amor y que el tamaño de corazón de las personas se mide precisamente por su capacidad de perdonar.
Estoy seguro que alguien estará pensando "si mataran a uno de tus hijos ya veríamos si podrías hablar así". Yo no soy mejor que nadie, y con toda probabilidad si ocurriera algo así (Dios no lo quiera) mi alma estaría inundada de sentimientos de odio, ira y venganza, como la de cualquier otro padre. Todos somos humanos. Pero precisamente por eso, para eso están los estados, para impartir la justicia de forma aséptica a los sentimientos de las personas. Créanme amigos, la ley del talión no nos hará ser mejores, más bien todo lo contrario.
Matar es un error, lo hagan las personas o lo hagan los estados. Es inmoral, cruel, repugnante, miserable e inhumano. Para los creyentes es muy evidente, Dios da la vida y Dios la quita, no está en nuestras manos disponer de la vida de nadie. Pero es que incluso para los no creyentes la conclusión es casi la misma. Matar perjudica la convivencia, atenta contra un derecho universal e inalienable y sencillamente va contra el sentido común. A día de hoy no encuentro ninguna razón que se vea favorecida por la aplicación de la pena de muerte.
Por tanto, no a la pena de muerte, no así, y aunque yo no pague impuestos en Estados Unidos, no en mi nombre!
Un abrazo
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