viernes, 24 de julio de 2015

La valla

20 kilómetros de valla separan las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla del resto del continente africano, 20 kilómetros de cruel frontera física que sirven para impedir que la opulencia de Europa se intoxique de miserias humanas, de vidas rotas por la guerra y los conflictos, de pobreza extrema, de depresión, de dolor, de llanto, de sufrimiento sin tregua, de inmundicia. Sin duda la más cruel de las vallas que el ser humano nunca construyó, la máxima expresión de egoísmo de los hombres, la que divide a vencedores y vencidos, la que separa los elegidos de los condenados, la que nos hace ser mejores a costa de la ignominia.

A un lado el primer mundo, ahogándonos en nuestros problemas singulares, infelices de tanta felicidad, empachados de consumo, preocupados del planeta que heredarán nuestros hijos, insomnes por los movimientos bursátiles y por los tipos de interés e inquietos por los pequeños pecados que podamos cometer. Nos pasamos la vida purificando nuestras almas y expiando las culpas en nuestros centros de culto. Comprometidos, exhibimos heroicos actos de generosidad en campañas para los más pobres y nos esforzamos en ser buenas y mejores personas. Felices por definición, aislados en nuestra burbuja, en nuestra urna de cristal, sin acceso al dolor ajeno, desorientados en la abundancia, pero con las conciencias bien tranquilas. No existe más allá, hacemos lo correcto, ayudamos a nuestra vecina y damos limosna al pobre, cuidamos de nuestros hijos y pagamos religiosamente nuestra hipoteca, los impuestos y la comunidad de vecinos. Somos impolutos espiritualmente. No hay razón para ir al infierno.

Al otro lado la falta de recursos, de humanidad, de derechos individuales y colectivos, de dignidad, de esperanza, de ilusión, de horizonte, de explicaciones. Seres humanos ahogándose en la miseria, explotados, vendidos, reventados, desahuciados, prostituidos, violados. La crueldad de sus dirigentes se ceba sin límites, las enfermedades devoran la población infantil, los conflictos arrebatan infancias, familias destruidas, condenadas al infierno en vida. Nunca hicieron nada por nadie, ni siquiera tuvieron la oportunidad de ser buenas personas. Cometieron el pecado imperdonable de nacer en un lugar equivocado. Lo perdieron todo al nacer.

Puta valla, puta vergüenza!!