A veces
uno se ve superado por los acontecimientos. La naturaleza golpea y fuerte, sin
compasión, con crueldad desmedida, de forma soez, ajena a las razones humanas,
ajena a los sentimientos.
Recientemente
he perdido un familiar cercano, muy querido, una sinrazón más del destino y de los
designios arbitrarios y caprichosos de la santa madre Natura. Una consecuencia
incomprensible a los ojos de todo ser humano. Su único error, haber estado
en el lugar y el momento equivocados. Error del que por cierto, ninguno estamos
exentos de poder cometer.
Sin
embargo, a mi modo de ver, todavía existen motivos para la esperanza. El ser
humano, pese a su fragilidad, tiene una cualidad que lo hace único y distinguible
de entre todas las criaturas de la naturaleza, su carácter trascendente. Su
contribución, sus vivencias, su enseñanza, su expresión, su vida, su legado …
todo está ahí, presente en todos los que la conocimos y nos enriquecimos de su
existencia y su obra. Ella está en nosotros.
Nos
hacemos eco de su enorme generosidad, de su infinita gratitud, de su abnegada
dedicación a los demás. Dispuso lo mejor de sí misma al servicio de los otros. Su
calidez humana y su talla personal me conmueven. Te lo dije en vida y te lo
vuelvo a repetir, pedazo de madre, pedazo de esposa, pedazo de mujer y pedazo
de cuñada.