Ese es el lema que portaba un numeroso grupo de ciudadanos americanos hace tan sólo unos días, horas antes de que una inyección letal pusiera fin a la vida de un reo americano de color (como suele pasar en el 99% de los casos) que llevaba 22 años en el corredor de la muerte, que se dice pronto.
La pena capital fue aplicada aun existiendo serias dudas sobre la culpabilidad del acusado. Tan grande es la democracia del país de la libertad por excelencia, que en ocasiones puede llegar a condenar a muerte a alguien y a hacer efectiva la sentencia aun no habiendo probado su culpabilidad.
Pero no quiero centrar en esto el debate, yo quiero ir todavía un poco más allá. Quiero ponerme en el caso de que efectivamente sí que fuera culpable. ¿Legitimaría eso la aplicación de la pena de muerte? Yo creo que no.
La pena de muerte es un reducto de las democracias más antiguas, como lo fueron otras ignominias de las historia reciente de la humanidad (véase Guantánamo, el llamado muro de la vergüenza, etc, etc). Un estado que mata no es un estado democrático que respeta los derechos humanos, porque de hecho viola el derecho más básico de todos, el derecho a vivir. Un estado que mata es un estado pendenciero, justiciero (que no justo) y vengador, que se pone al servicio de los sentimientos de odio, ira y venganza de las víctimas y que busca el alivio de las mismas a través del asesinato. Un estado que asesina asesinos es un estado miserable y no mejor que los criminales a quienes procesa. La única lección que enseña un estado que aplica la pena de muerte a sus ciudadanos es el ojo por ojo y diente por diente, eximiendo la posibilidad del perdón e inculcando el odio, la violencia y la muerte como formas de hacer justicia. Si creemos en el estado de derecho, hemos de creer que todo el mundo tiene derecho a vivir, que podemos juzgar y castigar los actos de las personas que cometieron errores, pero nunca podemos disponer de su propia vida como moneda para hacer justicia.
Resulta paradójico ver como en Estados Unidos determinados círculos ultraconservadores y de corte fundamentalista cristiana están completamente a favor de la pena capital, del ojo por ojo y diente por diente y donde la palabra perdón no existe en sus vidas. Yo sin embargo creo en el perdón y en las segundas oportunidades, como creo en la posibilidad de reinserción en la sociedad de aquellas personas que en un momento desgraciado de sus vidas cometieron un grave error. Y es que el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra. De hecho, creo que el perdón es la máxima expresión del amor y que el tamaño de corazón de las personas se mide precisamente por su capacidad de perdonar.
Estoy seguro que alguien estará pensando "si mataran a uno de tus hijos ya veríamos si podrías hablar así". Yo no soy mejor que nadie, y con toda probabilidad si ocurriera algo así (Dios no lo quiera) mi alma estaría inundada de sentimientos de odio, ira y venganza, como la de cualquier otro padre. Todos somos humanos. Pero precisamente por eso, para eso están los estados, para impartir la justicia de forma aséptica a los sentimientos de las personas. Créanme amigos, la ley del talión no nos hará ser mejores, más bien todo lo contrario.
Matar es un error, lo hagan las personas o lo hagan los estados. Es inmoral, cruel, repugnante, miserable e inhumano. Para los creyentes es muy evidente, Dios da la vida y Dios la quita, no está en nuestras manos disponer de la vida de nadie. Pero es que incluso para los no creyentes la conclusión es casi la misma. Matar perjudica la convivencia, atenta contra un derecho universal e inalienable y sencillamente va contra el sentido común. A día de hoy no encuentro ninguna razón que se vea favorecida por la aplicación de la pena de muerte.
Por tanto, no a la pena de muerte, no así, y aunque yo no pague impuestos en Estados Unidos, no en mi nombre!
Un abrazo
En mi nombre, tampoco.
ResponderEliminar"Ojo por ojo y al final el mundo acabará ciego"
ResponderEliminar(Mohandas Gandhi)
un placer leerte Salva
Totalmente de acuerdo. El que fuera o no culpable es intrascendente, el meollo del asunto es que matar está mal. Da igual la excusa que se ponga.
ResponderEliminarYo no estoy de acuerdo con la pena de muerte porque si matas a una persona aun habiendo asesinado él a otra, le estás quitando primero el derecho fundamental a la vida; segundo, la oportunidad de convertirse en un nuevo hombre; tercero, la oportunidad de pedir perdón.
ResponderEliminarAhora bien, tampoco defiendo la reinserción gratuita para todos ellos puesto que hay casos en los que no están lo suficientemente sanados (quizás no lleguen a estarlo nunca): violadores que vuelven a violar en un fin de semana de permiso o asesinos que vuelven a cometer sus atrocidades. Mucho cuidado con la reinserción.
Quizás esta opinión que expresas en tu blog sirva para hacernos caer en la cuenta de que existen el derecho natural, el bien, el mal... y que una ley, por el hecho de que esté hecha y votada democráticamente, no implica que sea buena. Hay cosas que no son relativas y que están por encima de cualquier ley humana.