lunes, 30 de septiembre de 2013

Bendito error

Dicen los científicos que el ser humano es técnicamente un error. Un error en ciencia no es algo necesariamente malo. Por error entendemos algo que difícilmente puede ocurrir en términos de probabilidad pero que de hecho sucede. Dicho de otro modo, un error puede considerarse como un suceso extraordinario, y sumamente extraordinaria es la existencia de los seres humanos.

Pero si extraordinaria es la presencia del ser humano, aún lo es más la cadena de acontecimientos que nos han llevado hasta aquí. La naturaleza, con un modus operandi basado en la sucesión de mutaciones genéticas completamente accidentales, algunas de las cuales  supusieron aumentar considerablemente las probabilidades de supervivencia de la especie, fue moldeando una criatura cuyas capacidades actuales en términos de adaptabilidad al medio nos convierte en la especie dominante y por tanto nos sitúa en el estrato más alto de la cadena biológica. Somos seres absolutamente privilegiados en un mundo hecho a nuestra medida, ni demasiado frío ni demasiado caliente, ni demasiado hostil ni demasiado cómodo, ni demasiado complejo ni demasiado sencillo. Entre lo muy grande y lo muy pequeño el ser humano se encuentra estratégicamente situado frente al mundo que nos rodea.  La suma de las capacidades humanas y de las circunstancias que le rodean nos provoca la sensación de que el ser humano es la herramienta perfecta para que el universo pueda comprenderse a sí mismo. 

Tan excepcionales somos que el ser humano es la única especie conocida capaz de decidir el futuro de su propia civilización. El futuro de la especie está en nuestra manos. Tenemos la capacidad de ahogarnos en nuestras miserias e incluso de poner fin a nuestra existencia como civilización, pero también podemos elegir el camino de la autosuperación. Resulta sorprendente que la naturaleza que ha hecho tanto esfuerzo para llevarnos hasta aquí a través de millones de años de evolución, ahora decida dar un paso atrás, nos quite el yugo de esclavitud y nos deje solos encargándonos el reto de decidir sobre nosotros mismos. ¿Somos conscientes de cuán grande es nuestra responsabilidad?

Mi punto de vista es que debemos ser agradecidos. Somos demasiado casuales para tirar ahora todo por la borda. Millones de años de evolución podrían no haber servido para nada. O quizás sí, todo depende de nosotros. Creo que vale la pena seguir apostando por la vida humana. Soy un humanista convencido y creo en el ser humano y en la capacidad de éste para resolver sus propios problemas. A lo largo de la historia de la humanidad no hemos dado sino fé de ello, de modo que tengo razones para pensar que podemos seguir construyendo un futuro mejor para las generaciones venideras. Así ha sido siempre y así quiero pensar que será. La herencia que reciban nuestros hijos dependerá del grado de conciencia que tengamos como especie y no como individuos. Podemos condenarles o por el contrario podemos dar sentido a nuestra existencia. Todos tenemos una responsabilidad para con nuestra especie. Sólo en nuestras manos está la salvación.

S. Parra

1 comentario:

  1. Cuando uno es padre quizás vea más esa bondad de la raza humana pensando en lo mejor para sus hijos, ayuda pensar que la gente es buena, o por lo menos puede hacer el bien, otros se hacen con los bienes, con muchos bienes, no es lo mismo pero si con ello son felices y transmiten esa felicidad, pues algo es algo. También los hay que se empeñan en lo contrario y así les va. Vamos que los tiñosos (cenizos de ahora) de aquella serie de dibujos animados llamada "Erase una vez el hombre" llegan hasta nuestros días.

    Enhorabuena Salva.

    ResponderEliminar